Hoy, Día de Canarias del 2025 d.C., en mi isla hay un folclore que se cuela por las cortinas de mi cuarto de Lisboa.
Una Canarias agonizante que no va a poder más. A ver: más hoteles, más precariedad. ¿Paradójico?
Aplatanados. ¿Sacamos orgullo de ello? Tenemos una cultura que se come a la especulación, que se devora al capital. Como el mar en nuestras costas que devora migrantes. Y no, la alternativa no es como dijo un lumbreras popular: “poner a las fuerzas armadas para que no pasen las pateras”. Fuerzas armadas en forma de una lengua propia que han intentado masacrar debe ser la antorcha del pueblo ante los que pretenden un apagón de la identidad canaria.
¿Hasta cuándo, canario, te vas a dejar aplatanar? ¿Hasta cuándo consentir permitirles sacar pecho de que nuestra identidad vendida sea la del caminante en círculos arenosos y rocosos con cholas, pantalón corto y pasotismo?
Por una Canarias que se extienda culturalmente al mundo matando la autoconciencia de ser el Hawai del español, del hooligan y del cacique.
Un ustedes, pueblo empoderado, que se aleje de vosotros, los que dejan la orina en la charca verde sin cloro.
Que vengan, siempre, los que hacen al canario salir de su cuartucho entre cuatro tabiques ínfimos con un mínimo ventanal en el que vemos como, poco a poco, se construye un nuevo hotel. Un hotel que como siga creciendo se quemará con el sol.
Las dunas como el desierto en el que unos quieren enterrar nuestras esperanzas de creernos país. Los bosques de laurisilva en los que nos entendemos con la naturaleza para, trabajando en equipo y no subyugándola, aseguramos un paraíso respirable.
Canario, canaria, no canario, no canaria; les animo a cortarle el palique a quien quiere cortar el árbol. Y disfrutemos, claro que sí, de unas papas con mojo y gofio escaldado, con vino o con té, pero siempre en igualdad.
En Lisboa a 30 de mayo de 2025.