En una ola de almas confusas, la mía tiembla.
Olas de personas sedientas de mejoría,
de cambio de miseria.
Personas se acumulan y mueren.
Yo me disperso y desaparezco.
Energías utilizadas en pudrirme.
Veo con añoranza el halo que me abandona.
Palideo viendo otros cuerpos morir. Matarse.
Basta.
Apostar por una otra vida, sea eso lo que será.
Por cambios de vida en vida.
Pétalos crecer y belleza germinar.
Humo de coches, sonido de cláxons, ruido de barullo, gozo de turista, ocaso de campesino.
Todo a más estruendo, más gris, menos norte.
Más rascacielos con discotecas llenas de oídos sordos y bocas llenas. De ácido.
Ácido que mata plantas, hierve esófagos. Alimenta familias.
Familias del ‘Todo Incluido’. Y todo es Todo.
Todo por el interés de quien cimenta en lechos de condenados a la nada.
5 estrellas aquí, balneario allá.
No bastan luces en el firmamento y líquido amniótico para sustento.
Ese líquido que nos posibilitó desear.
Un deseo de pez en el mar.
Nadar, remar, caminar.
Aún en mares, petróleo, capital.
Para no dejar dormir. Menos soñar
A quien mata vida por especular.
FERNANDO SANTANA RÚA-FIGUEROA.
