Marcos Farrujia, responsable de prensa de Drago Canarias
Hace unos días vinieron de vacaciones a Tenerife unos amigos de la península ibérica. Realmente son amigos de amigos, pero ya han venido varias veces, y siempre que están por aquí nos juntamos y hacemos un montón de planes.
Ellos son los típicos que no paran quietos. Por la mañana desayuno con vistas, luego a la playa, para almorzar un guachinche y por la tarde al Teide a ver el atardecer; y en cada parada mil fotos y vídeos.
Esto, que lo hacen cada vez que vienen, este año me ha empezado a molestar; casi de manera irracional. Me molesta que se frivolice con la belleza de nuestros paisajes, me molesta que vean Canarias como una feria con distintas paradas, pero sobre todo, me molesta el comentario de “qué bien se vive aquí”.
Porque no, aquí no se vive bien. Mientras ellos se pasan el verano de Madrid a Canarias y luego a Europa para acabar en la Costa Brava, nuestros amigos de toda la vida están en Holanda intentando ganarse un sueldo digno, lejos de casa y de sus familias, pudiendo volver a las islas, con suerte, una vez al año.
Y me molesta haber generado este sentimiento de rechazo hacia el visitante, porque yo no era así antes, y la sociedad canaria nunca ha sido así. Siempre nos hemos caracterizado por nuestra hospitalidad, y es algo que me enorgullece enormemente. Hospitalidad con nuestros vecinos, pero también con quienes vienen a disfrutar de nuestras islas, y eso parece que se está acabando.
La clase política que nos ha gobernado durante décadas no solo ha moldeado los espacios naturales de este archipiélago a su antojo, sino que además está moldeando nuestra personalidad, y está convirtiendo a Canarias en un pueblo escéptico y temeroso con el de fuera, y eso es muy triste, pero sobre todo muy peligroso.
Me niego a convertirme en una persona hostil, me niego a vivir molesto con quienes antes habían sido mis amigos y me niego a tratar con rechazo a quienes visitan estas islas con respeto y de manera sostenible, porque ellos no tienen culpa del modelo turístico que se ha implantado en Canarias.
Tenemos que encontrar el punto medio para que la gente pueda seguir viniendo a Canarias sin la necesidad de expulsarnos a nosotros, y para ello, la clase política de estas islas tiene que entender que aquí cabemos todos, pero no tantos.
